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viernes, 22 de mayo de 2009

La Tentación inevitable de probarla



La Tentación inevitable de probarla


El calor es sofocante y Eva no puede aguantar mas así, por lo que decide darse una ducha que la consuele, mientras el agua cae por su cuerpo, ella no puede evitar acariciarse a la vez que se enjabona todo su cuerpo, sus pezones dan buena muestra de ello, erectos y duros, lucen apetitosos, no puede evitar recordar la noche de ayer en su casa de Madrid con Robert, su marido.
Robert es un autentico experto en dar masajes y sacar de sus pechos el placer más intenso que nunca antes hubiera sentido con ningún otro hombre, el ha conseguido que tenga orgasmos, con el solo “trabajo” en sus pechos.
Mientras cae el agua sobre sus pezones, ella tiene su mano derecha entre sus labios vaginales acariciándose, y con la otra mano se masajea sus pechos, llevando su lengua a los pezones y recibiendo parte de agua fría que cae de sus pezones, como su de una fuerte se tratara.
Saliendo de la ducha envuelta en una toalla se recuesta sobre una hamaca que hay en la terraza de su habitación en el hotel isleño, que Roberto reservo para los días que tiene que permanecer en la isla de Ibiza.
El calor y la toalla hacen sus efectos en su cuerpo y pronto está seco de nuevo, pero Eva tiene otro calor más profundo en su cuerpo, mientras permanece tumbada, tirando su toalla a un lado, sus manos recorren su cuerpo, las imágenes de la noche pasada vuelven a su cabeza y no puedo evitar excitarse, sus dedos se van abriendo camino entre los labios vaginales y empiezan a mojarse, su pezones están otra vez de punta y erectos al máximo, una mano los acaricia masajean sus pechos, mientras su masturbación va en aumento, separando sus piernas, su mano entra cada vez más profundamente en su coño, su descontrol es notorio y suelta pequeños suspiros que se van transformando en jadeos de placer.
Lo que Eva ignora es que no está sola en esta escena, pues varios ojos no pierden detalle de todo lo que ella hace sobre en su cuerpo y escuchan sus gemidos y suspiros placenteros que se le escapan de su boca.
Esos ojos y oídos siguen atentos la escena, Mientras Eva ha conseguido tener otro orgasmos mas con las caricias que se da en su coño, consiguiendo tener su mano toda empapada, fruto de sus corridas vaginales, mientras se va relajando, un placentero sueño va dando paso en ella, por lo que termina por quedar dormida a la sombra y sobre la hamaca en la que se encuentra.
Las divisiones físicas de las terrazas son de baja altura, lo que permite que pueda ser fácil pasar de una a otra zona, y eso es lo que hace quien ha estado pendiente de cualquier detalle de lo que Eva hacia, y ha tomado buena nota de lo que en este momento admira plácidamente dormido, el cuerpo desnudo de una mujer, para él una desconocida, un cuerpo bien formado, no es el de una modelo, pero es deseable, una altura media de un metro setenta, un peso cercano a los sesenta kilos, unos labios bien redondos y apetitosos, sus pechos no son muy grandes, una talla cien, pero unos pezones firmes y de dimensiones muy deseables, y en lo que ahora se fija es en su sexo, depilado y con unos labios sonrosados y cerrados, sus piernas bien formadas y unos pies bien cuidados, un pelo largo y sedoso que le alcanza casi el final de su espalda, ese es el balance que hace de la mujer que tiene a muy pocos centímetros.
Arrodillándose a su lado, le pasa la mano por su melena suavemente, aproxima su boca a los labios de ella y los besa muy ligeramente, casi sin rozarlos, para no despertarla, mientras tiene una mano en su cabellera, la otra la posa suavemente en su vientre, como no causa reacción en ella, la baja hasta el sexo de ella, y la deja quieta sobre su coño, ella hace un ligero movimiento, pero no abre los ojos.
El, se anima, y acaricia los labios del coño de mi mujer, ella al sentir esas caricias, deja escapar un suspiro, y separa sus piernas instintivamente, el hombre sintiéndose dominador de la situación, opta por ser más atrevido y va separando los labios de mi mujer, ella se mueve como si de un sueño se tratara, y se deja hacer, cada minuto que pasa, los movimientos de él, son más atrevidos y ahora sus dedos juegan a sus anchas con el clítoris de ella y la profanan sin tener resistencia alguna por parte de mi mujer, ella se mueve al compas del placer que siente dentro de su coño, hasta que le viene el primer orgasmo y es ahí cuando abre sus ojos y lo ve.
El hombre para evitar que ella pueda gritar, le tapa la boca con la mano, a la vez que la tranquiliza.
Tranquila cariño, no te voy a hacer ningún daño, y como puedes comprobar tu misma, lo que acabo de hacerte es muy placentero y te has corrido muy bien, mi mano y tus piernas son muestra de ello, entonces ella, acerca sus manos a su entrepierna y se nota toda húmeda, no lo ha soñado, ha tenido un orgasmo fruto de la masturbación que el hombre le ha hecho.
Tras los primeros momentos de confusión, ella se va tranquilizando y lo primero que hace, es tomar la toalla para cubrirse ante el desconocido que la sigue devorando con sus ojos, entonces él le explica, su terraza es la que esta junta a la de mi mujer, y el estaba tumbado en su terraza tomando el sol, cuando escucho unos suspiros que provenían de la terraza de al lado, al incorporarse y ver en esa dirección la vio tendida en la hamaca desnuda y masturbándose.
Pedro, que así se llama el hombre, se presento y le conto que hacía cuatro días que estaba en la isla y había venido solo, tenía 59 años y era ingeniero de caminos, trabajaba en Paris en una empresa española que tenía unas obras en Francia, el hombre era alto, un metro ochenta y nueve centímetros, fuerte, pelo canoso y de trato agradable, según pudo apreciar Eva mi mujer.
Ella, le conto a su vez que acaba de llegar hace unos horas y que también estaba sola, hasta que llegara su marido de Madrid, que estaba terminado unos asuntos de la empresa, le dijo que se llamaba Eva, y que tiene 33 años.
Bien Eva, ahora que ya no somos dos desconocidos, ¿me permites invitarte a cenar esta noche? De acuerdo Pedro, ¿a qué hora quedamos? ¿Te parece bien a las diez? Muy bien, a esa hora estaré lista.
¿Me permites una pregunta Eva? Tu dirás Pedro, cuando antes, te estaba acariciando, en algún momento ¿te distes cuenta de que era algo que estaba sucediendo en esos momentos o estaba en tus sueños? Ella le sonríe y le dice algo ruborizada, te voy a ser sincera, anoche tuve una noche especial con Robert mi marido, y fue tanto el placer que tuve, que hoy sigo teniendo visones y sueños con esos momentos vividos con el anoche, por eso, quizás no me desperté antes, sentía tal placer, que no quise estropear mis placeres, aunque fuese en sueños.
Me halaga mucho tus palabras, aunque no vayan dirigidas directamente a mí, pero me agrada saber que te he dado un placer tan bueno y que terminara en un orgasmo tan delicioso, me has empapado toda la mano, y me quede con ganas de continuar, pero temí tu reacción al despertar y que todo terminara mal, ella se levanto de la hamaca y ambos de pie frente a frente, le dio un tierno beso en la mejilla, el no puede resistir abrir la toalla que la envuelve y admirar su cuerpo tan cerca suya desnudo, ahora con la tranquilidad, ella le mira a los ojos, mientras él la recorre con la mirada de arriba abajo, tienes un cuerpo muy apetecible y he notado que se te excita gratamente al tacto, tus pechos son firmes y duros, el tamaño ideal para hacer que un hombre pierda la cabeza entre ellos, lleva una de sus manos a su pecho y la posa sobre él, lo dicho, la medida ideal, y firmes, con unos pezones deliciosos, que espero pueda degustar, ella le sonríe y le dice como toda respuesta, quedamos en la cafetería ¿vale Pedro?
De acuerdo Eva, allí nos veremos a las 22:00 horas ok.

sigue..............La Cena con Pedro

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